DEFORMATIVA TELEVISION

 

Estimado Pepe:

                   Sentémonos frente al televisor español en abierto un día cualquiera. Dominan la pantalla nacional cinco medios, cuatro de ellos privados más la estatal Televisión Española (luego hay canales autonómicos). La competencia es el desvelo de las empresas televisivas. Tanto que los informativos están todos a horas muy similares, superponiéndose para luchar por la audiencia. Series españolas también son ubicadas en mismos horarios y también son cambiadas de día de emisión, todo por la competencia y ganar televidentes. Tanto es así que más de uno desea ver un par de series, pero choca con el mismo horario. Los más pacientes se grabarán los capítulos. Luego están los “realities”. Gente encerrada en casas largas semanas, gente superviviendo en islas o playas hondureñas, todos con permanentes cámaras que, buscando las situaciones conflictivas, hacen del programa “mejores” audiencias. Pueden ser “realities” con academias de canto, de baile, de modelos. Concursos que tienen programas paralelos en donde los defensores de los protagonistas y panelistas de ocasión debaten en situaciones que parecieran estar armadas de ante mano. Algunos protagonistas son anónimos talentos que tendrán acceso a la televisión y a una “fama” que es muy buscada. Los nominados y teléfonos de coste especial para salvarlos están a la orden del día.

         Aunque no se quiera, siempre habrá momentos para ver estos programas, pues se cae en ellos inevitablemente en la búsqueda de algún programa mejor. Pero resulta que las cadenas se compiten en “realities” y academias. Más tarde algunos de estos protagonistas anónimos pasarán a ser “famosos” que basarán su vida en los dimes y diretes de sus accionares que suenan más inventados que reales. Otros protagonistas son parientes de famosos (la nieta de, el ex de, la sobrina de…).

         Es así que estos programas se suceden en continuidad, la tevé alimenta la “diversión” inventando shows y aunque poco o nada quede de positivo para iluminar nuestras neuronas, pareciera ser que la mayoría da crédito porque esto parece de nunca acabar. Será que las empresas de comunicación consiguen buena ganancia con la venta de estos espacios y por lo tanto hay que seguir.

         Obviamente hay excepciones. Dos por tres, con ánimo de disimular pareciera ser, se nos presentan algunos programas en donde recibimos cierta información que nos ayuda a conocer más o ser mejores.

         Pero volviendo al negocio banal de las televisiones, en los últimos meses se ha puesto de moda en todas las cadenas realizar la tan clásica y simple sopa de letras, el adivine o forme la palabra o preguntas tan simples como: díganos nombres que comiencen con A y si luego adivinas te llevas algún premio. Claro que se debe pasar por un filtro de llamados telefónicos a números de coste especial, con respuestas como: “inténtelo nuevamente, está a punto de ser seleccionado”. Quienes presentan estos juegos ahora televisivos deberán pasarse un par de horas hablando para animar a los incrédulos.

         Cierto que una programación es discutible, no todo está hecho a la medida de lo que uno quiere. Pero la inclinación clara de la balanza a favor de la “diversión” y lo pasajero, sin contenido alguno, resulta demasiado evidente.

         Dejemos para otro momento los largos espacios que comienzan a verse con diferentes “videntes”. Llamando a teléfonos también de coste especial, “videntes” se las ingeniarán para decirte lo que quieras escuchar o si se prefiere hay tarotistas y demás, que tirando cartas en la pantalla nos dirán que nos ha de pasar próximamente.

         Tampoco es de suponer que estos espacios se ocupen sólo de noche. Se van encontrando a toda hora. Después dicen que el segundo de televisión es caro.

         Es que a veces se piensa que el desarrollo económico no es lo que uno imaginaba podía llegar a serlo. Mientras tanto, mantengo en pensamiento la preocupación de los gobernantes por el bajo índice de escolaridad.

 

         Federico Marotta

 

         P/D: Este anterior domingo se anotó el gol más rápido en la historia de la Liga española de fútbol. Joseba Llorente para Valladolid a los 7 segundos y 82 centésimas puso el 1-0 ante Español. El Diario deportivo Marca, de superior prestigio en todo el reino, destaca: “Fuera de España. El tanto más rápido de la historia del fútbol lo tiene Ricardo Olivera (no confundir con el brasileño Ricardo Oliveira). El 26 de diciembre de 1998, cuando militaba en el equipo de la ciudad de Fray Bentos, marcó a los dos segundos y cinco décimas frente al club Soriano en un torneo regional. El uruguayo, en vez de pasar la pelota a un compañero, decidió disparar directamente a puerta al ver al guardameta rival adelantado. Y logró su objetivo de sorprenderle porque el balón se coló por el ángulo superior izquierdo. ¡A los dos segundos! Para el Libro Guinness de los Récords, el es “pistolero” más rápido.” (Textual).

         Este gol de Llorente deja como el segundo más rápido en Liga española al del uruguayo Darío Silva a los 8 segundos, jugando para Málaga y anotándolo frente a Valladolid, el 10 de diciembre del 2000.

         Para la FIFA, el gol más temprano en competición de ligas nacionales, fue el de Damian Mori a los 3 segundos y 69 centésimas en el encuentro Adelaida City-Sidney United el 6 de diciembre de 1995 en Australia.