MORIR EN LA ORILLA
Estimado Pepe:
Las Islas Baleares comienzan a recibir “pateras”, pequeñas embarcaciones que transportan a “inmigrantes ilegales”. Provienen de Argelia y se arriesgan al cruce mediterráneo a pesar del frío intenso del mar.
Las alertas comienzan a hacerse sentir. El gobierno anuncia la posibilidad de poner radares y los vecinos han sido los primeros denunciantes en observar “sospechosos” que fueron capturados en tierra y que serán devueltos a su país de origen. Triste final para quien busca mejor destino. Haberle ganado la batalla al mar, haberse jugado el dinero para poder cruzar y perderlo todo por la denuncia vecinal.
La mayoría de las pateras se han dirigido en los últimos años a Islas Canarias, algunas a Andalucía. La ruta a Mallorca aparece nueva y las alarmas surgen rápidamente, algunas con fobia brutal, temerosas de perder identidad y aún de perderlo todo después. Pero no son las únicas, por suerte.
La historia de los inmigrantes ilegales se remonta lejos y en el continuo vaivén de desigualdades en este mundo, larga vida pareciera tener.
Del Archivo General de Indias de Sevilla rescatamos: “Carta real al doctor Hernán Pérez sobre la averiguación de la venta de licencias falsas; en lo tocante a la armada del Río de la Plata se proveerá lo que convenga una vez terminado el pleito que se trata con los fiadores de Juan de Sanabria”, año 1549 (7 de julio). Por esos tiempos se otorgaban Reales Cédulas otorgando el paso a tierras del Nuevo Mundo. Documentos que constituían la legalidad del viaje. Pero ya se constatan por entonces ventas de licencias falsas.
Mientras tanto, por estos días del siglo XXI, finaliza el I Foro de la Alianza de Civilizaciones.
Federico Marotta