VIEJO ESCRIBA

 

Estimado Zoilo:

                        Si dices leerme con atención, emoción y nostalgia es porque ha valido la pena escribir. Tan sólo una persona pueda conmoverse frente a una pintura, una música o unas simples palabras, basta para que el autor se sienta satisfecho.

                        Nuestros recuerdos vuelven a pasar por el corazón a cada rato. Será porque nos han servido para algo. Porque vale la pena darse un baño de nostalgia. Será porque queremos ser nostálgicos y tan sólo con quererlo basta.

                        Los seres racionales, que pretenden presentarnos el mundo tal cual es, suelen decir sí que podrá ser malo ser nostálgico.

                        Felizmente existen quienes todavía creen posibles sueños y utopías. Los que, sin conformarse con lo evidente, buscan llegar a lograr lo que parece imposible y creen firmemente en las locuras, lejanas del mundo frívolo y racional.

                        Tu emoción, alteración del ánimo intensa y pasajera, resulta a miles de kilómetros la misma sensación para mí al leer tus recuerdos.

                        Por lo tanto, viejo escriba, nuestras dos cartas públicas han logrado su objetivo y ni siquiera importa si sólo nosotros dos seamos quienes las leamos.

                        Tenemos recuerdos de un barrio, de una fábrica, en diferentes años, pero con similares apellidos de vecinos y amigos. Donde el tiempo ha sido el gestor de la emoción. El recuerdo de cientos de vivencias valoradas hoy. La canchita del barrio es sólo un recuerdo, luego vienen muchos más ni bien agilizamos el pensamiento. Los vecinos, las primeras televisiones, las visitas domingueras a la fábrica Don Ricardo y Don Ramón mediante, recordados porteros de entonces. Las inundaciones y los tristes incendios que eran para nosotros toda una aventura y en donde alguna vez los gurises del barrio fuimos premiados por la empresa papelera gracias a nuestra decisión de ser bomberos por un día. El río, la islita de enfrente, los caminos vecinales, la escuela que comenzó a funcionar en un pequeño lugar de la fábrica, los obreros, la sirena, los ómnibus papeleros llenos de túnicas blancas que nos llevaban y traían de la Escuela 1, los partidos de Remolino, las compras en las huertas vecinas, las telarañas de lo Pastore, las crecidas de la cañada pasadas en bicicleta a veces, el fresco y hermoso monte de álamos, el viejo sin dedos que comía lagartos, la venta de pan en carro a caballo de mi pariente Mario, las idas al pueblo en bicicleta o a pie.

                        El Barrio Pamer, un barrio para recordar con nostalgia, con tristeza melancólica originada por el recuerdo de una dicha pasada.

                        Perdida para nosotros, por nuestros años mayores, quizás presente para otros. Y para esto sirva la nostalgia, para rememorar con emoción esas dichas pasadas.

                        Viejo escriba: creo en la emoción de la nostalgia como así también creo en la permanente evolución y búsqueda. En la armonía de un todo que nos impulse a intentar ser mejores y sentirnos mejores. Gracias a nuestras propias experiencias pasadas que, si nos vuelven nostálgicos a veces es porque han sido para bien y han servido para cimentar nuestro pensamiento y acción.

                        Será bueno siempre recibir un abrazo con emoción, un reencuentro lleno de nostalgia. Cualquiera a los 30 ya comienza a recordar. ¿Te acordás? Y si nuestras vidas y emociones se recuerdan para alterar nuestro ánimo de manera agradable, es que algo bueno habremos hecho.

                        Viejo escriba: dicen como el poeta que todo tiempo pasado fue mejor. Además tenemos nuestros apellidos europeos de ascendientes inmigrantes. Nuestras tierras del Plata, de por sí tangueras, han sumado incluso la melancolía y la nostalgia del que emigró, viajando en barco un mes en un mar infinito y sabiendo que quizás nunca volverían a ver su familia y su tierra natal. Distintas corrientes de inmigrantes sumaron a nuestro espíritu de tango más nostalgia todavía. Descendiente uno de esa nostalgia no podemos evitar sentir en carne propia esa rica herencia de nuestros antepasados.

                        Viejo escriba, recuerdo con nostalgia que un día me invitaste a jugar por El Puente. Fue en la cancha de básquet de Bristol un torneo amistoso, de noche. Recuerdo con nostalgia los domingos después del fútbol, ayudándonos en las piezas del viejo diario a completar nuestros comentarios. De tu vida como trabajador, como cooperativista, como deportista, como gremialista, como periodista, como jefe de familia, ya deberán escribir otros algún día lo justo y debido, que deberá llevar espacio, dedicación y tiempo. A mí, debes saberlo, para recordarte siempre con emoción y nostalgia me basta tan sólo un instante de tu vida, en el beso que regalaste a mi padre en el último adiós.

                        Viejo escriba: tenemos el privilegio inmenso de participar en medios de comunicación. Suerte la tuya que a veces te das ese baño de nostalgia necesario y encima puedes comunicarlo.

                        Yo también busco de vez en cuando esos recuerdos para continuar fortaleciéndome, porque como dicen los académicos, nostalgia es la pena de verse ausente de la patria, de los deudos, de los amigos. Quizás los racionales no tengan recuerdos gratos, quizás sean tan fríos como el mundo quiere que seamos y entonces te hayan dicho que sea malo ser nostálgico.

                        No les creas, amigo viejo escriba.

                        Creo que es bueno seguir las normas imprevistas del corazón, que tiene encerrados montones de recuerdos, montones de historias, nuestras familias, amigos, nuestra niñez, nuestra tierra, nuestra vida. Y siempre será bueno, me parece, que nos detengamos un instante en el camino para que se libere esa nostalgia.

 

                        Federico Marotta