BIENESTAR SIN HIJOS
Estimado Pepe:
En España los jóvenes postergan cada día más su condición de padres y los hijos únicos son alto porcentaje. Por eso el índice de natalidad es tan bajo. Las razones las encontré en el bienestar.
Con 28 o 29 años se consideran “chavales” que todavía no están preparados para ser padres. Las parejas meditan mucho su casamiento o el convivir. Y después vienen los hijos.
Se está muy bien en casa de los padres, tanto si estudias como trabajas. Con un sueldo digno tienes la posibilidad de disfrutar de la juventud, comprar tu auto y otros artículos que la sociedad de consumo ofrece.
Es por eso que se ven nuevos padres “viejos”.
En 1970 cada mujer española tenía como promedio 2.24 hijos. En 1991 el promedio bajó a 1.25. En 1999 el promedio se situó en 1.07. Subió en 2003 a 1.30 y ello fue gracias al nacimiento de niños de madres inmigrantes. Del total de nacimientos las madres inmigrantes representaron el 12.2%.
Lógico suponer que se necesitan dos hijos para reemplazar a los padres. Con este índice 9 de cada 10 son hijos únicos. Ausencia de tíos, ausencia de primos. Se van acabando aquellas grandes reuniones familiares.
Hay menos jóvenes y más viejos. Se debe resguardar el sistema de la seguridad social legalizando inmigrantes. A su vez el desarrollo económico de un país necesita de tasas de natalidad más altas.
Las jóvenes parejas meditan mucho su casamiento. Anteponen el desarrollo profesional, la hipoteca, un nuevo coche, viajes, hasta un apartamento de verano. Además la mujer trabaja fuera de casa y ello posterga su maternidad.
En los países con problemas económicos muchos jóvenes apelan a la independencia familiar como una posible vía de escape, intentando así superación económica y los hijos vienen siendo jóvenes sus padres.
Pero aquí no. España se ha superado mucho en los últimos 30 años y el avance económico trajo aparejado el descenso de natalidad. Las familias numerosas se han terminado y las subvenciones del gobierno parecen ser insuficientes.
Es el bienestar, que crea jóvenes más propensos al desarrollo personal. Valoran más disfrutar de sus años jóvenes a la manera que ofrece el mundo del consumo. Los niños ya vendrán. O mejor dicho: el niño.
Federico Marotta