LA SIESTA MUNDIAL

 

Estimado Pepe:

                        El comienzo del Mundial y su posterior desarrollo significan un adormecimiento general de todo lo que está ajeno al rodar de la pelota.

                        Pero terminará el Mundial y después a pensar en las Eliminatorias del que viene.

                        Antes, pero no tanto, las eliminatorias sudamericanas eran grupos de tres equipos y partidos de ida y vuelta que se resolvían en poco tiempo. La necesidad de que los pueblos sudamericanos distraigan su atención de los problemas sociales, hizo que el fútbol, buen aliado de la “globalización” y de gobiernos incompetentes, extendiera el circo a dos años, con el correspondiente ir y venir de jugadores y comentarios de todo tipo esperando el siguiente partido, sacando cálculos y finalmente clasificando o perdiendo por penales. Dos años de eliminatorias absurdas para quedar después eliminados en un Mundial al segundo partido resulta una pérdida de tiempo evidente y los que otrora decían que la iglesia era un opio para los pueblos, ahora resulta que ha pasado a ser el fútbol de la FIFA.

                        La supuesta alegría que debería tener el pueblo por una victoria circunstancial de su selección es puro cuento. Es uso y abuso de los que mandan. Basten ejemplos extremos a escala universal: Argentina 78, Olimpíadas de Berlín, Italia 34. El fútbol es un juego que se nos ha ido de las manos y la esencia mística y romántica de años anteriores ya se perdió, profesionalmente hablando. Así que, Pepe, el que dijo que todo tiempo pasado fue mejor, lo suscribo para esto del fútbol.

                        En España también se habla del Mundial, a toda hora en todos lados. Con la diferencia que el albañil español tiene resuelto el almuerzo del día siguiente, la salud familiar protegida, posibilidades varias a la compra de su vivienda y un salario digno. Por eso me meto en la heladera y digo que este Mundial lo tiene que ganar un país desarrollado y que sigan siendo felices, porque nuestro bien amado “Tercer mundo” debe pensar en otras cosas. Mi otra parte, que siempre se pone del lado del más débil, desearía que Togo y Trinidad Tobago disputasen la final, como cachetada a los poderosos. Pero luego no será así. Y ahora que lo pienso, mejor que Togo quede por el camino porque fue gobernado 38 años por un tal Eyadema, que dirigió un golpe de Estado en 1963 y cuatro años más tarde se puso como presidente él. Y ahora gobierna su hijo, respaldado por las fuerzas armadas. Dictador le llamo yo a todo aquel que ama el poder a largo plazo. Mejor que Togo piense en otras cosas.

                        Volviendo al Mundial, ni siquiera que lo gane Brasil, porque ya resultaría muy aburrido y además estos torneos no toleran a los favoritos. Tampoco los otros favoritos de siempre que ya lo han ganado, pero en fin, si vuelve a campeonar alguno de estos prefiero que lo ganen los tanos. Pepe, qué se yo, que al Mundial lo ganen los árabes o los coreanos, o aún más, los australianos, así quedamos como campeones morales. Si el fútbol repartiera la alegría por los barrios del mundo sería buena hora que los millones de dólares que giran en torno al profesionalismo empresa de la pelota tuvieran un mejor destino. Que tus hinchas del Tercer Mundo se te mueren de hambre, FIFA. Y encima, te das el lujo de jugar con su ilusión.

 

                        Federico Marotta