“EL MUCHACHO QUE FUI QUE RESPONDA”

 

Estimado Pepe:

                        “¿Dónde estarán los zapatos aquellos, que tuve y anduve con ellos?”

                        El hombre estaba solo mirando el mar, en un alto en el camino. Una vista impresionante del Mediterráneo en el paseo por la Sierra de la Tramuntana, en la hermosa Mallorca.  Desde lo alto mirando el mar, al borde de la carretera que lleva a miles de turistas año tras año para observar la belleza de la naturaleza.

                        Pasas por un par de pueblos típicamente mallorquines, con casas de puertas y ventanas verdes. Pero el sabor verdadero del paseo, en el sinuoso camino de la sierra, está en las vistas al mar.

                        Ubicado a prudente distancia del hombre escucho unas guitarras conocidas y surge desde dentro de un auto la voz de Zitarrosa hablando de candombes y de olvidos.

                        No sabe uno qué dramas interiores estaría viviendo aquel hombre. Pero su reencuentro a través de la música y del mar, en su soledad, era evidente.

                        Pareció no percatarse de mi presencia, porque ni se inmutó. Seguía queriendo mirar más allá del azul, escuchar el mensaje y trasladarse en una suerte de éxtasis.

                        Al rato sólo dije adiós y él recién ahí giró un poco la cabeza y apenas levantó una mano. Fue el diálogo mantenido. Me pareció ver unos ojos brillosos. No estoy seguro, Pepe, sólo me pareció.

                        No sé quien era. Tampoco intenté el acercamiento.

                        Sólo compartí unos minutos en cómplice silencio, con el mar como excusa.

                        Siguió inmerso en su propia historia, una de las miles de diferentes historias emigrantes. Parecía calmar su dolor interior con evocación y nostalgia.

                        Seguramente no coincidía con mi nostalgia, la que pretendo transformar en recuerdos que me alienten a disfrutar de lo nuevo.

                        Me pareció más bien una nostalgia martirizante, qué se yo.

                        “El candombe del olvido, tal vez si yo le pido, un recuerdo, me devuelva lo perdido”.

                        Pepe, tal vez vos sí le hubieses hablado.

 

                        Federico Marotta