EL LIBRO PERDIDO

 

Estimado Pepe:

                        Quien más, quien menos, alguna vez ha leído libros. Más allá de los adelantos tecnológicos de los tiempos modernos, tener un libro y leerlo o releerlo es y creo que seguirá siendo disfrutable.

                        Hace 22 años Hernán me prestó un libro que releo de vez en cuando. Hace unos diez años Darío me prestó otro que también releo de vez en cuando. Supongo que será difícil que se los devuelva. Prácticamente se los he expropiado. Hace 4 años Justo Pastor tuvo la acertada decisión de regalarme un libro discepoliano, sabedor que si me lo hubiese prestado, difícil que se lo devolviera. También cruzó el océano y lo sigo releyendo de vez en cuando.

                        Uno también ha prestado libros sin retorno. Como todo el mundo. O ha regalado libros, pues de alguna manera te identificas con lo escrito y te hace estar más cerca de la otra persona. Y seguramente, como todo el mundo, el tiempo te hace olvidar incluso de los libros prestados. Quizás Hernán y Darío ya ni se acuerden.

                        Me enteré por mi hijo Camilo que en Calviá funcionaba “El libro perdido”, pues encontró uno que luego leyó. En los días próximos al Día del Libro (en estos abriles) el municipio sugiere que “pierdas” tus libros en lugares públicos. De esa manera propiciaremos un círculo de lectores.

                        Eliges un libro que desees que los demás lean. Pides un adhesivo de “Libro Perdido” y lo dejas donde quieras. El primero que pase y le interese se lo lleva y así sucesivamente, agudizándose la idea en el mes de abril. Después de leerlo puedes volver a “perder” el libro. Si te queda bien notificas el encuentro. En 2005 se registraron unos 300 “libros perdidos”.

                        La idea permanece este año. Por lo pronto, querido Pepe, no me he encontrado ninguno.

                        Habrá que seguir pidiendo prestado.

 

                        Federico Marotta