EL PODER DE PEPE

 

Estimado Pepe:

                        Renunció el Ministro de Defensa de España José Bono y los escépticos no le creemos todavía.

                        Conceptos tales como que la vida es más importante que la política y que la familia merece más tiempo, incluyendo el pedido de su hija de 5 años para que dejase el Ministerio y jugase más tiempo con ella.

                        Como te digo, Pepe, los escépticos pronto comenzaron a preguntarle si la decisión obedece a discrepancias con el presidente, que el Estatuto de Cataluña pudo haber sido un detonante.

                        “Pepe” Bono recordaba que ni Franco y su dictadura lo habían echado de la política, menos un estatuto.

                        Entonces le hurgaron la herida sobre la votación en el PSOE para elegir candidato a presidente, votación que Bono perdió por escaso margen frente a Rodríguez Zapatero.

                        El ahora ex – ministro siguió negando. La decisión era meditada, firme y obviamente el pte. ya la sabía desde hace tiempo, esperando sólo el momento oportuno para hacer pública la decisión de su ministro mejor valorado.

                        Los dedos dudan ante el teclado. Uno no sabe si elogiar la decisión o dejar margen a la nada, por aquello de no saber si creerlo todavía. Antes y después de Sancho Panza resulta difícil encontrar gobernantes que renuncien.

                        El poder y el status político son tan dulces y llenan tanto el ego que el hecho de pensar en perderlos suele causar escalofríos. En la historia reciente muchos han hablado de “dinosaurios del poder” y gritaron “participación” para cambiar un país, luego se hundieron en el mismo fracaso y le escondieron al pueblo las llaves de Palacio. Ante el mundo frívolo pareciera que vale más la pena morir en vida como diputado récord que dedicarle tiempo a aquellas pequeñas cosas.

                        Habiendo tantas escalas de poder social el ego se empeña en el poder político. Porque da poder, son aristócratas inmunes a la justicia y encima les pagan como aristócratas. Ya quisiera uno verles pasar los años en una comisión social, humanitaria, cooperativa o deportiva, de esas en las que se da mucho y no se recibe ningún sueldo.

                        Volviendo a Pepe Bono, admite que por un año más cobrará algo así como el 80% de su sueldo de ministro, injusticia legal que aquí o allá premia más a los artistas de la apariencia que a los obreros.

                        En fin, Pepe, todavía no sé si creerlo. Este Bono, hombre joven todavía, nos ha hecho una buena jugada. Nos mantuvo un rato con la boca abierta y revisando nuestros viejos apuntes del poder.

                        Hemos sido obligados a abrir un nuevo capítulo. Lo titulamos “Los hombres inesperados del poder, historias de políticos que desprecian la política para dedicarse a su familia”. Por ahora es más largo el título que el contenido.

                        Que sea feliz, Pepe.

 

                        Federico Marotta