MAÑANA, PARA TODOS, EL MAR

 

Estimado Pepe:

                        “Lloro para que no se muera el mar, mi padre el mar, que rompe en las dos playas, en las dos puertas sin bisagra del mundo, con el mismo sabor viejo y amargo de mi llanto. Yo soy el mar”.

                        Los africanos siguen lanzándose al mar buscando una vida mejor. Ahora desde Mauritania rumbo a Canarias. Cientos de kilómetros en el agua en las ahora denominadas “cayucas”, pequeñas embarcaciones pesqueras tradicionales de los mauritanos a las cuales da pena verlas luchar ante el oleaje. Los cayucos son construídos en fibra en el barrio de Sala, en Nuadibú. Pero en ellos la esperanza de miles de africanos que se han hecho al mar, que lo están navegando ahora mismo y que lo harán en los próximos días pues hay miles esperando. Como los 400 que fueron interceptados en sólo una noche. Demorarán un mínimo de dos días y un máximo de cinco a seis, dependiendo del viento, que casi no importa por las ansias de salir. Otros pueden quedar a la deriva un par de semanas. Salen de noche y si es posible de a dos o tres cayucos, para ayudarse. Van en el entorno de 20 personas por cayuco. Alguno aprende en pocos días el tema de la navegación y se hace cargo. El cayuco cuesta unos 5000 euros, motor incluído, pero pueden conseguirse a menor precio usados o deteriorados. Cada uno pagará su cuota parte. “El dinero no es nuestro - dice Ibrahima Tnass, de Senegal – es de nuestras madres, de nuestros hermanos y amigos. Si llegamos, bien; si no, nada”. Anuncian que en la costa mauritana y senegalesa hay unos diez mil cayucos esperando salir.

                        Generalmente son interceptados por las guardias costeras. Lo saben. Son llevados a centros de atención que están colmados. Se los derivan a Madrid para que se los atiendan mejor. Piensan algunos en ampliar los centros de acogida. Otros replican que no es esa la solución. Se pretende involucrar a la Comunidad Europea como responsable de frontera continental. Los africanos dicen que hay una deuda histórica y por eso tienen derecho a su ingreso a Europa, por la puerta de entrada más cercana que es España. Esgrimen que las potencias colonialistas desvalijaron Africa hasta los 60.

                        El futuro de estos emigrantes está sabido. Los enviarán de regreso a su país. Pero ellos dicen que volverán a intentarlo. Con las mafias que se aprovechan de su desesperación, o sin ellas.

                        El buque hospital “Esperanza del Mar” recoge cadáveres africanos desde las aguas. Se han ido de este mundo sabiendo que lo han intentado.

                        La pobreza mira hacia Mauritania, hacia la ciudad de Nuadibú, puerto de pescadores, en donde se han congregado miles de diferentes países buscando su esperanza en el mar. La gran mayoría son de Senegal y Mali, aunque se conocen de otros muchos países, y llegan a Nuadibú legalmente porque Mauritania tiene convenios de libre circulación. Aunque casi seguro que no lo lograrán. No importa, queda muy poco que perder. Además urge la aventura antes que comiencen a llegar mayores medidas.

                        Lo mejor sería evitar ser noticia, porque habrán llegado.

                        Aunque saben que la muerte los invita. Como a los 30 que enterraron en San Lázaro, entre funcionarios y periodistas. Sin familiares ni amigos.

                        Tampoco ellos eran familiares ni amigos nuestros, Pepe. Pero… ¿y si lo fueran? ¿Sentiríamos diferente? No somos nosotros, Pepe. Pero… ¿y si lo fuéramos?

                        “Cada hombre solo, sí, solo, flotando sobre el mar, sobre el lecho profundo de mi llanto… Si hay una luz que es mía, aquí ha de reflejarse y rielar, en el espejo inmenso de mis lágrimas, en el mar… Mañana, para todos, el mar”.

                       

                        Federico Marotta

P/D: la poesía es de León Felipe, un europeo emigrante.