HACE NADA

 

Estimado Pepe:

                        El mundo occidental pretende imponer con la ayuda de la fuerza leyes y costumbres en el milenario y para nosotros exótico mundo del Islam.

                        La historia del hombre no es tan reciente. Lentamente hemos ido aprendiendo hasta llegar a este mundo moderno en donde las cosas parecen suceder más velozmente. ¿Cuántos miles de años tiene el hombre sobre la faz de la tierra? Sin embargo, hace 40 años atrás, los negros de Estados Unidos morían para que los blancos les respetasen sus derechos civiles. Es decir, hace nada, comparada con la historia del hombre.

                        Hace nada los obreros morían buscando la jornada de ocho horas, las mujeres morían quemadas en las textiles norteamericanas en jornadas de protesta. Hace nada los esclavos, hace nada de los indígenas y sus derechos, hace nada de los sudafricanos negros, hace nada de revoluciones latinoamericanas, de bombas atómicas, hace nada que las modernas democracias del mundo tienen votantes mayoritariamente pobres, hace nada que emigramos, que era imposible el divorcio, hace nada de las dictaduras, de las nuevas pestes que nos invaden, hace nada que varias democracias europeas deben convivir con reyes y princesas pues no han podido todavía sacarse de encima las medievales monarquías, tan lejanas en el tiempo y tan actuales, hace nada de la conquista económica del mundo.

                        Pero queremos que los demás comprendan en un abrir y cerrar los ojos la vida moderna de occidente. También podríamos escuchar.

                        Podrá algún día el mundo islámico aceptar algo del pensamiento occidental, pero con seguridad que a la fuerza no lo entenderá. Tampoco los occidentales aceptamos la fuerza por sobre la razón. Caminamos entonces a un conflicto de futuro inimaginable.

                        Occidente insiste en los derechos de la mujer islámica, que no puede concurrir a un estadio de fútbol, por ejemplo, o que muchas deben ir con la cara cubierta, o que viven en poligamia. Pero hace nada, en Occidente, la mujer no tenía derecho al voto y todavía sigue pidiendo cuotas de participación, hace nada que gana menos que el hombre por el mismo trabajo, hace nada que no se reconoce su tarea de ama de casa.

                        Miles de años le está costando a occidente comprender el significado de igualdad de derechos, de libertades. Pretendemos ser fiscales de costumbres diferentes, cual pretexto para que el poder económico ingrese de la mano de la guerra.

                        Vaya a saber uno cuantos miles de años le costará al hombre encontrar la paz con diálogo y tolerancia. Para los dueños de la economía mundial el problema está en el mundo islámico y los personajes malos de hoy eran los aliados de ayer y así seguirá siendo mañana.

                        Hombres comunes de occidente intentan  escapar al modo de vida que les tocó en suerte y van más lejos del Islam. Cada vez más, según me cuentan, se vuelcan en el aprendizaje de filosofías orientales como manera de encontrar serenidad de espíritu.

                        Ser occidentales no nos da derecho a imponer costumbres, más cuando padecemos enormidad de errores. Más cuando la pobreza sigue creciendo en las democracias occidentales.

 

                                   Federico Marotta