EL VIGOR DE TU SER Y TUS IDEAS

 

Cuando seas señor de tus sentidos/ Un árbol planta y buena obra hiciste/ Porque él alegrará tu huerto triste/ Con frutos, flores, pájaros y nidos.

 

            En el gran patio de alguna de mis anteriores casas había varios árboles frutales. A destacar un níspero, un ciruelo, varios durazneros y también una higuera. Todos daban frutos abundantes y deliciosos.

            Un buen día corté una rama de duraznero, cavé en la tierra con manos niño adolescentes y lo planté. Tierra negra rica y regada por mis ansias hicieron que de aquella rama comenzara a nacer un árbol, ante mi incredulidad.

 

De todo lo que oigas y que veas/ De lo malo y lo bueno, vil y honrado,/ Escribe un libro y deja en él grabado/ El vigor de tu ser y tus ideas.

 

            Más adelante en juventud llegaron dos varones críos que viven en mí y cerca de mí su propia vida.

 

Y cuando sienta tu vivir sereno/ Que la paz del hogar te llama y nombra,/ Haz con amor un hijo, justo y bueno/ Para que aprenda la sabiduría/ De tu libro inmortal, bajo la sombra/  Del árbol noble que plantaste un día!

 

            Desobedeciendo sin saberlo el orden establecido por Don Ovidio. El paso de los años, lustros ya, más la distancia nostalgiosa, han echado cimientos, con la paciencia con la cual un árbol se desarrolla y unos hijos se convierten en hombres, para la idea de escribir en líneas unas cartas para los míos.

            Querido Pepe, ¿cómo quedarían unas cartas escritas en forma de libro?

 

            Federico Marotta

P/D: los versos son de Fdez. Ríos