REPRESENTATIVIDAD ESTANCADA

 

Estimado Pepe:

                   Asistimos a la campaña para elegir nuevo Presidente del Gobierno en España. Reiterativa en conceptos, fase final de un espectáculo que estamos viendo desde hace cuatro años, las dos Españas enfrentadas en la hoy monarquía constitucional. Aburrida además. Demasiado maquillada, falta de naturalidad.

                   En fin, conceptos a los cuales las democracias nos tienen acostumbrados.

                   Aburrida pues desde las elecciones pasadas se sabe que quien ganaría las del próximo 9 de marzo serían Rodríguez o Rajoy. O sea, la reelección del actual presidente o la elección de quien ya se había presentado como aspirante en los pasados comicios.

                   España tiene 45 millones de habitantes y desde las elecciones pasadas se sabe que los aspirantes con chance cierta son sólo dos. DOS.

                   Pero esto no es nuevo. Repasando el mapa latinoamericano nos encontramos con ejemplos similares.

                   Argentina tiene 39 millones de habitantes y el relevo presidencial se dio en el mismo hogar, de esposo a esposa. ¿Cuántos candidatos realmente con posibilidades tenía Argentina para la presidencia?

                   Brasil tiene 188 millones de habitantes y tuvo que reelegir presidente. ¿Es que acaso no existe otro brasileño que pueda aspirar al cargo?

                   En otros planos asistimos a la pretendida perennización de Chávez en Venezuela (27 millones de habitantes). Cuba parece no tener otro apellido que Castro (11 millones). El caso de Estados Unidos también es significativo, incluso al auto proclamarse siempre como el ejemplo democrático del mundo. Bush padre presidente, Bush hijo presidente. Clinton presidente, su esposa hoy candidata. No olvidemos a la saga Kennedy. Estados Unidos tiene 300 millones de habitantes. Parece raro que el pleno poder se mantenga entre familias entre tanta gente.

                   No pretendemos hacer un estudio detallado, pues encontraríamos demasiados casos en todo el mundo, en donde el poder se concentra en mismos apellidos. No sólo el poder político, sino además el económico, algo más preocupante todavía.

                   En Uruguay el apellido Batlle es el más notorio y además existen otros que mantienen la herencia política, en todos los partidos. También tenemos quienes se han aferrado a sus sillones durante años, aún gritando participación, dejando de lado conceptos democráticos.

                  Es la manera de ser de un sistema representativo que, hoy por hoy, tiene la feliz iniciativa de comenzar a darle paso a la mujer hasta en cargos presidenciales, pero que sigue siendo carente de soluciones para el grueso de la población.

                   Latinoamérica ha vivido en sus últimos años contagios de gobierno. Derechas, luchas guerrilleras, militares, derechas, izquierdas, mujeres. Es el general contexto latinoamericano, no casual, que no ha podido darle soluciones a su población necesitada.

                   Quizás en otras épocas sí, sin dudas. Pero en estos tiempos las democracias representativas han carecido de la evolución necesaria para apostar a otro tipo de participación, en una tierra latinoamericana que necesita un giro.

                   Los partidos políticos se encargan de crear aristocracias, de negar el acceso a las elecciones a los ciudadanos que libremente quieran hacerlo. Se encargan de gritar participación, pero generan un espiral interno al cual será difícil acceder. Hasta poderes personales, cobijados en el concepto democracia representativa.

                   Que Rodríguez o Rajoy ganen en España puede o no ser importante para nosotros.

                   Pero es hora de pedirle cuentas a las democracias representativas de nuestros países latinos. Han pasado décadas desde la recuperación democrática, pero las soluciones no han llegado.