EL PASADO AVANZA

 

                               Muchos años atrás le preguntaron a un amigo: “¿Y… los echaron?”, respondiendo éste: “Nooo…, sólo dijeron que podíamos irnos”.

                        Se han inventado máquinas y sistemas de inteligencia más rápidas que el cerebro humano y no estamos preparados.

                        En Mallorca existe una clara diferencia de tiempos en cuestiones de trámites. Internet, herramienta que cada día es más imprescindible y natural, donde se maneja ya no sólo información y comunicación, sino trámites personales. Por ejemplo, la Declaración de la Renta puede ser consultada, aprobada o corregida. Todo sin necesidad de anteriores papeleos o citas y colas. Todo desde el hogar.

                        Las nuevas tecnologías deberían apuntar hacia ello. Pero en otros ámbitos sucede lo contrario, retrocediendo en el tiempo y generando una burocracia a la cual muchas veces no se le encuentra sentido.

                        Colas hay que hacer en todos lados, o casi. Españoles para renovar su Tarjeta de Identidad, como personas nacidas en otros países por las suyas. Se pretende ser tan detallista en una sociedad “desarrollada”, que los compases parecen no estar a ritmo, generándose una controvertida situación en donde los tiempos modernos de tecnologías de comunicación avanzadas contrastan con la burocracia orquestada para lograr ciertos trámites.

                        Es allí donde llegamos a pensar que el hombre todavía no está preparado para sus propios inventos.

                        Veamos la situación, como ejemplo, para un uruguayo con pasaporte comunitario que reside en España. Se han creado nuevas leyes para renovar tarjetas de residencia. Para informarse debidamente hay que concurrir a Extranjería y realizar cola. Una hora antes que abran las oficinas la cola ya tiene unos 50 o 60 metros de “extranjeros”. Esto para pedir un “impreso” o formulario, con la información debida, la cual está tan detallada que termina complicándolo todo. Las posibilidades de leer el impreso y luego preguntar ante alguna duda están limitadas a los escasos segundos que se dispone, pues la cola viene empujando de atrás y además los funcionarios están dispuestos a la más breve de las explicaciones. Una vez conseguidos los papeles necesarios volver a realizar la cola, con la expectativa de pasar el trámite. Pero generalmente surge la respuesta del funcionario: “falta un papel”.

                        Se han generado una serie de peticiones, las cuales obligan a presentar papeles legalizados de países comunitarios de origen. El problema surge para quienes se han casado con ciudadanos comunitarios, pues renovar sus permisos previos a lograr la ciudadanía comunitaria, exigen el papeleo burocrático de papeles en países nacionales.

                        Si se tiene la mala fortuna que “falte un papel”, será cuestión de bastante tiempo conseguirlo, pues los trámites son a nivel consular y éstos demoran. Es probable que los anteriores papeles caduquen y así el trámite se vuelve engorroso, el ánimo decaiga y alguno que otro desista. Es una manera muy elegante de expulsar emigrantes. Una vez que se consigue el otorgamiento o renovación de residencia se recibe un papel, de esos A4 que si se doblan en seis todavía quedan grandes para cualquier billetera. Ese papel es la Tarjeta de Residencia o con otro nombre: la Cédula de Identidad. Pero para que tenga validez se debe andar con el Pasaporte adjunto. Involución, parece que se llama, pues antes se otorgaba una tarjeta plastificada, de esas comunes, aún más chicas que las Cédulas uruguayas y bien prácticas, sin la necesidad de mostrar también el Pasaporte.

                        Otra: es bien sabido que en los aeropuertos algún que otro pasajero suele ser devuelto a su país de origen. Entonces muchos acuden a una “Carta invitación”, que propiciaría el ingreso sin problemas a la persona que viene a visitar al emigrante.

                        Caso que ha pasado: cola para buscar información, otra día para presentar papeles, entonces la funcionaria dice que las leyes cambiaron, que existe un nuevo formulario con nuevos papeles a presentar. Vuelta a pedir papeles al familiar que vendrá de visita, los cuales deben ser legalizados en Ministerios y Consulados españoles, vuelta a hacer la cola y nuevamente “falta un papel”, pues casualmente no coinciden las direcciones. El trámite puede ser ingresado, pero no está completo. En un plazo de 40 días alguien visitará el domicilio del residente para comprobar que puede recibir al invitado y superada esta situación en un plazo de 10 días más recibiría el interesado la “Carta Invitación”. Quien quiera arriesgarse a esta aventura tendrá que esperar que el Correo español y luego el internacional no le fallen. También es una manera elegante para decir al familiar del residente que no venga.

                        Hace poco tiempo atrás, esta Carta Invitación la realizaban los Notarios, con la sola presencia de documentación del residente y del invitado, costaba unos 50 euros y se conseguía de un día para el otro. Este trámite se ha retrasado decenas de años. Pretende ser perfecto hasta el detalle en cuanto a papeleo. Pero la noticia que recibe el residente es la negativa cansadora y que los tiempos se van agotando ante la reserva del pasaje.

                        Pero esto no es todo. Veamos un ejemplo para conseguir un permiso de conducir motos. Se debe esperar (pueden ser largas semanas) que la Auto Escuela de su localidad comience un curso que demora ocho días y a la cual es obligatoria la asistencia, aún en estado de enfermedad, pues una sola falta anula el Curso y no se devuelve el dinero. Durante esas ocho clases, que pueden ser en tu localidad o en una vecina, se realizan exámenes y si los apruebas debes esperar un mes para que te otorguen el correspondiente permiso. Un mes de espera, para cualquier nacionalidad incluida la española, resulta un poco exagerado en estos tiempos de tecnologías modernas, donde la comunicación es casi instantánea tanto en palabras escritas, habladas e incluso imágenes.

                        Pero no es que el español se resista a las nuevas tecnologías en todos los casos. Más bien comienza a dar muestras de resistirse al efecto inmigratorio.