MALDITO FUTBOL
Estimado Pepe:
Evadiendo mi posición contraria al frívolo mundo del fútbol profesional, no pude evitar quedarme frente al tevé disfrutando de la velocidad y dinámica de un Liverpool-Arsenal de la Liga de Campeones. Un regalo a los ojos de buen fútbol, con mucho en juego y un final imprevisto.
Dos días después la cajita mágica nos daba la posibilidad de disfrutar de un partido determinante de básquet entre Maccabi Tel Aviv-Barcelona. Quiso el destino que en el entre tiempo zapeara uno y se encontrara con la Copa UEFA futbolera: Getafe-Bayern Munich.
Habían empatado a uno en la olímpica ciudad germana, con un Getafe rozando la gloria frente a todo un grande del fútbol del mundo viejo. Para la revancha, en la pequeña ciudad madrileña, todos acompañaron. Todos se sintieron identificados con el EuroGeta que ilusionaba con eliminar de la competición al equipo de Beckenbauer, que había tenido la mala fortuna de manifestar públicamente su ignorancia respecto al equipo azul español. Es que el Bayern, acostumbrado a codearse entre los grandes, se encontraba de repente frente a un equipo que, cinco años atrás, jugaba en la Segunda B.
Getafe se vistió de azul y desparramó por toda España un contagio solidario. Presidentes y jugadores de otros clubes fueron a alentar, autoridades, políticos, rey y príncipe, el pueblo entero pintó de azul el Estadio. La ilusión estaba viva.
A los cuatro minutos, expulsión, el EuroGeta se queda con diez, luego gol anulado al Bayern, poco después el delantero de punta azul se queda clavado después de un pique, cambio obligado. La situación debilitaba aún más al débil. Así era que el partido invitaba entonces al camino de la gloria. Getafenses y cualquiera, sintieron la adhesión al débil, la búsqueda de la hazaña. Enfrentar al poderoso con uno menos, plantearle lucha, comenzar a quitarle la pelota y encima, contra todos los pronósticos, el rumano Contra se corre media cancha con el balón atado a los pies y crea el delirio con el primer gol en el final mismo de la primera mitad.
Los renombrados futbolistas del alemán equipo no respondían como su jerarquía obligaba. Los anónimos héroes del Getafe se animaban a tocar de primera, a peligrosos contragolpes que incluso hicieron resbalar a Braulio cuando tenía el segundo casi hecho.
A punto de lograr la hazaña azulona, el francés Ribery empata casi a los 90, para dar paso a la prórroga. A esa altura, del Macccabi-Barcelona, poquita cosa, casi el olvido.
Treinta minutos más en el horizonte, siempre con un jugador menos. La noche seguía oliendo a heroicidad futbolera. Más cuando un zapatazo de Casquero, acostumbrado a rematar de lejos, pone el 2-1 y casi enseguida Braulio se toma revancha personal y anota el 3-1. Todos aplaudían, gritaban, llegaban al éxtasis. Era el triunfo del débil, la hazaña, la noche inolvidable, la historia que nunca se olvidará, la sonrisa nerviosa, el esfuerzo de piernas orgullosas en un desgaste de dos horas con un jugador menos. Era tocar el cielo. Volvía el fútbol romántico y valiente. Jugarse por la camiseta, desde la humildad del débil, destronar al todo poderoso. Era el fútbol, finalmente capaz de transmitir alegrías al pobre, pensaba yo.
Entonces Abbondanzieri, sin merecerlo, hizo honor a su apodo y Toni se encontró con el segundo gol germano de pura casualidad. Salió mirando al juez, como preguntándose si era cierto que había anotado. Pero faltaban pocos minutos. La heroicidad, cuanto más sufrida, mejor, decía el lírico hincha getafense. El místico Kahn abandonó el arco, molestó en el salto a un defensa que despejó la pelota que vino a caer en los pies de uno que levantó un centro para que el gigantón tano Toni bajara desde el cielo con un cabezazo y despertara del sueño al EuroGeta y nos volviera a la realidad a todos los que queremos seguir creyendo en heroicas noches de pasión futbolera. En todos los que, ilusos, seguimos identificándonos con aquellos que sean capaces de jugarse por la camiseta. Aunque ésta no fuera nuestra camiseta, ni nuestro Estadio, ni nuestro azul color, ni nuestros jugadores. Pero teníamos en común el espíritu romántico del fútbol. Getafe finalmente eliminado, como manda la tradición, que reserva la gloria a los mismos aburridos equipos de siempre.
Maldito fútbol.