DICCIONARIO NORTE Y SUR

 

Estimado Pepe:

                        Ningún tema ni recuerdo golpeaba mi sensibilidad estas últimas horas semanales. Como consecuencia comenzaba a entrar en crisis, producto de la tan temida “hoja en blanco” de los que solemos escribir semana tras semana. El viejo truco de buscar titulares periodísticos para hilvanar un pensamiento ha hecho posible plasmar algo razonable, si es que alguna vez algo escrito razonablemente quedó. Fui superando mi “crisis” con esta obstinada palabra repetitiva en los medios de comunicación estos últimos días.

                        Por tierras ibéricas se sigue hablando de crisis. La construcción se ha ralentizado bastante, es verdad. Por ello los albañiles se han preocupado en buscar trabajo en la hotelería, por ejemplo, aprovechando la temporada de verano. Pero igual, con crisis o sin ellas, el discurso de todos los veranos es, desde la voz empresarial (grandes, medianos, pequeños o muy pequeños), que cada vez se vende menos, que cada vez los turistas gastan menos y que así las dificultades existenciales se van tornando más complicadas.

                        Resulta difícil entender la palabra “crisis”, pues para la oposición significa algo así como el punto 6 de la Real Academia: “escasez, carestía” o quizás el 7: “situación dificultosa o complicada”, o por lo menos eso es lo que pretenden hacernos entender que ellos entienden. Para el gobierno significa “desaceleración”.

                        Tal vez para los empresarios (todos) signifique el punto 4: “momento decisivo de un negocio grave y de consecuencias importantes”. Pero es que, personalmente, llevo ocho temporadas veraniegas mallorquinas escuchando lo mismo de los comerciantes, aún los hoteles estén siempre llenos y en la calle se dificulte el caminar.

                        Para el hombre común tal vez sea mejor el punto 5: “juicio que se hace de algo después de haberlo examinado cuidadosamente”. Y es que quizás en estos días, por la subida del combustible y sus efectos, ya no sea posible darse lujitos varios y entonces se hable de crisis, aún con el aparato digestivo trabajando a pleno mientras se planifican las vacaciones.

                        La gente habla de crisis, porque está de moda hablar de crisis, como en su momento hay otros temas. Veamos el punto 1: “cambio brusco en el curso de una enfermedad, ya sea para mejorarse, ya para agravarse el paciente”. Sería un caso más puntual aunque ambiguo porque también habla de mejoras. Como hablamos de la sociedad en general no podríamos afirmar de una enfermedad colectiva, ¿o no?.

                        Punto 2: “mutación importante en el desarrollo de otros procesos, ya de orden físico, ya históricos o espirituales”.  Habría que preguntarle a los más viejos ibéricos si esto es crisis o si crisis era lo que vivieron después de la guerra civil y bastante más acá, para reafirmar entonces que “crisis… eran las de antes”.

                        Por supuesto que para muchos varios la crisis es sólo un término del diccionario, véase los puertos deportivos, por ejemplo. Para otros será cuestión de hacerse a la idea que los lujitos varios que trajo el desarrollo económico de los últimos 30 años no seguirán siendo tales y entonces habrá que tener un auto menos en casa, por ejemplo.

                        Pero otros varios ni siquiera saben las definiciones de “crisis” del diccionario académico. Por aquello de que para hablar de algo, quizás fuere necesario haberlo vivido o sentido.

                        La semana pasada escribía que algún viejo pensador afirmaba que “nada es o existe” pues comunicarlo traería verdades diferentes.

                        Entonces se me despierta una idea a proponer a los académicos cuando necesiten definir palabras. Como estamos hablando de “crisis”, por ejemplo, puntualizar que hay siete definiciones rebuscadas en el diccionario, básicamente representativas del norte. Pero el que quiera saber de verdad lo que significa “crisis” en estos tiempos, que se lo pregunten a los del sur.