ORIGEN DE LOS APELLIDOS
Los apellidos comienzan a generalizarse en la Edad Media con la difusión del uso de documentación legal. Los notarios comenzaron con la costumbre de agregar al nombre de pila el nombre de su padre, profesión, título o procedencia, por ejemplo. El uso de documentos notariales se extendió a toda la población, que acabó convirtiendo al apellido en algo también hereditario.
Se considera probable que el uso del apellido comenzara a extenderse a partir de los siglos XI o XII. En todas las épocas los nombres de pila o de bautismo respondían a modas (imitar nombres de famosos, santos), por lo que había que comenzar a distinguir legalmente a quienes tenían mismos nombres.
“LOS HIJOS DE”
En los reinos de Navarra, León y Castilla, la costumbre era añadir al nombre del hijo, el nombre del padre, más el sufijo “ez”, que significaba “hijo de”. Fue así que el nombre Sancho pasó a ser el apellido Sánchez. Para distinguir a Pedro comenzó a documentarse “Pedro, el hijo de Sancho”. Luego el sufijo “ez” terminó de transformar al apellido, que son los ejemplos más comunes en el habla castellana.
Es lógico entender que en un principio “Juan, el hijo de Gonzalo”, pasaría a denominarse Juan González y “José, el hijo de Rodrigo” terminaría llamándose José Rodríguez. El hijo de Hernando pasaría a ser Hernández y el hijo de Fernando, Fernández.
Otros prefirieron no alterar el nombre de su padre, por lo que existen nombres que también son apellidos, como Juan. Otros, antepusieron la preposición “de” para marcar su filiación y también para distinguir el nombre de pila del nombre patronímico. “José, el hijo de Pedro” pasaría a ser con el tiempo “José, el de Pedro” y más tarde José De Pedro.
DE PROFESIONES Y TITULOS
Otras maneras de formar el apellido pasaron a ser el lugar de origen o residencia, el oficio o cargo y hasta un apodo.
Se entiende que entre los siglos XIII y XV comienza a extenderse a todos los estratos sociales la costumbre de hacer hereditario el segundo nombre, que hoy llamamos apellido. La documentación legal fue factor determinante, sobre todo en herencias.
En algunos casos el oficio de la persona pasó a ser su apellido. Así, quien originariamente era conocido como “Pedro, el zapatero”, pasó a llamarse Pedro Zapatero. “José, el herrero” pasó a ser José Herrero y “Juan, el carpintero” finalmente fue Juan Carpintero.
Los nobles de la época usaron sus títulos, convertidos en apellidos. “Andrés, el hidalgo” pasó a ser Andrés Hidalgo y “Javier, el caballero” pasó a ser Javier Caballero.
En un principio no había obligación de adopción de apellido, era un acto voluntario, pero muchas veces necesario. Por eso sorprende el nacimiento de apellidos vinculados a tan diversos orígenes. Todo pasaba por el gusto de quien quería ponerse apellido, del ingenio y fantasía, del criterio ortográfico de cada notario, del uso lingüístico, del acento de cada región.
En el siglo XV ya se hallan más o menos consolidados los apellidos hereditarios. Comenzaron a ser obligatorios para dejar constancias de nacimientos y defunciones en los libros parroquiales.
DE LUGARES Y HASTA DE PAISES
Otra costumbre de apellidos se refería a las localidades de origen o nacimiento de la persona. Conocidos Thales de Mileto, Gorgias de Leontinos, también comenzaron a referirse a “José, el soriano” o “José, el de Soria”, para finalmente ser José Soriano. “Ramón, el de Sevilla”, pasó a ser Ramón Sevilla y así tantos apellidos de nombres de ciudades e incluso de países. Los nobles llegados a Aragón provenientes de Francia pasaron a ser conocidos en su nueva zona como “los de Francia”, para terminar convirtiéndose en el apellido Francia, apellido que curiosamente nace en España y así ejemplos como éstos abundan para testimoniar que un apellido puede parecer de tal sitio, pero nació en otro diferente.
DE LA PLAZA AL RIO
Curioso saber que la naturaleza también proporciona apellidos. “Juan, el del río” pasó a ser Juan Del Río o quizás en otras zonas Juan Ríos. “José, el de los pinos” bien pasó a ser José del Pino o por cuestiones de criterio ortográfico y diferentes poblados también podría haber terminado siendo José Pino o José Delpino.
“Andrés, el de la plaza” pasó a ser Andrés Plaza. E incluso el curioso origen de Allende. “Juan, el de allende el río” pasaría a ser finalmente Juan Allende. “Pedro, el de arriba”, finalmente sería Pedro de Arriba, por ejemplo.
Bien podríamos pensar que “Gonzalo, el de la iglesia”, fuera finalmente Gonzalo Iglesias y así pensar en apellidos tales como Puente, Castillo, Torres, Corral. O de vinculaciones a la composición del terreno. “José, el de la sierra” sería José Sierra y así con los apellidos Montes, Valle o Del Valle, Cuevas, Peña, Roca. Demás está decir que “José, el de los manzanos” pasó a llamarse José Manzano y así con Perales, por ejemplo.
INCLUSO DE LA IGLESIA
Apellidos relacionados con la iglesia también existen. Puede resultar sorprendente por el celibato de la iglesia, en hombres que no podrían tener descendencia. Se entiende que podrían ser hombres que abandonaron el hábito religioso, que simplemente servían en un monasterio, que vivían en las cercanías de un convento o familiares de eclesiásticos. Pero también se pueden admitir hijos de religiosos, pues algunos ya estaban en la época casados cuando tomaron el hábito y otros tenían vida sexual activa. El Primer Concilio de Letrán en 1123 comenzó a obligar el celibato. El Concilio de Trento en el Siglo XVI prohibió admitir en la Iglesia a hombres casados. De aquí pueden derivarse apellidos como Abad, Cardenal, Monje, Sacristán.
ENTRE NOBLES Y PASTORES
Otros apellidos provienen de títulos nobiliarios. Lo más probable es que en la mayoría hayan sido motes o apodos. O si una persona fuese arrogante o altiva o haya servido en cortes reales. Así aparecieron los Rey, Conde, Duque, Hidalgo. De igual manera surgieron los apellidos relacionados con el ejército: Capitán, Coronel. O profesiones: Escribano, Sastre, Molinero. Apellidos derivados de la agricultura o ganadería: Labrador, Pastor.
LOS CALVOS Y LOS NIETOS
Otros apellidos surgieron de características físicas. Los individuos mencionados por ello pasaron a tomar como apellidos: Gordo, Rubio, Calvo. O características morales: Alegre, Bueno. O referentes a animales: Borrego, Conejo, Vaca. Estos últimos pueden tener variadas causas como que el individuo en cuestión criara estos animales o por algunas semejanzas físicas. Quienes plantaban o vendían plantas también designaron apellidos: Trigo, Oliva.
Siguiendo siempre con la misma línea de aceptar que los apellidos derivaron de situaciones específicas fue así que salieron los referidos a parentesco. “Juan, el nieto de …” pasó a ser Juan Nieto. También sucedió con otros apellidos como Sobrino, Casado. O relativos a la edad: “José, el viejo” pasó a ser José Viejo y así por ejemplo con Mayor.
La influencia de la Iglesia exigía bautizar a los niños con nombres santos, que más tarde pasarían a ser apellidos, como De Jesús. Otros apellidos derivaron de nacimientos ilegítimos o paternidades desconocidas, derivándose en apellidos Temprano, Tirado, Expósito. Incluso apellidos relacionados con el mes de nacimiento: Abril, Mayo.
Existen apellidos con origen todavía incierto o en algunos casos prerromanos como los conocidos García y Muñoz o también Pacheco y Velasco. Por otra parte apellidos surgidos de una lengua pueden haber ido modificándose con el paso del tiempo hasta tornarlo irreconocible y de allí dificultar su origen.
“LOS HIJOS DE” EN OTRAS LENGUAS
Pero volvamos al “ez” (hijo de) que comenzó a aplicarse en los apellidos hispanos. Se duda si es una original lengua vascuence o prerromana. Todavía existe en la lengua vasca como valor posesivo o modal. El vascuence lo pasó al navarro y la lengua castellana primitiva seguramente lo adoptó. De hecho, en 851 García Iñiguez era el nombre del Rey de Navarra, habiendo sucedido a su padre llamado Iñigo. El caso es que en los siglos XI y XII se halla completamente fijado en Castilla-León el uso del “ez” y de allí la natural cantidad de apellidos considerados comunes como López, Pérez, Martínez.
En otras lenguas el “ez” castellano es, por ejemplo el “is” en catalán, significando lo mismo: hijo de. Pérez es en catalán Peris, López es Llopis y Gómez es Gomis. El portugués es “es”, de allí que sus apellidos son Peres o Rodrígues.
El recurso “hijo de” para dar forma a los apellidos ha sido común. En la lengua inglesa “son” significa hijo. Recordemos a los Johnson, Jackson. En la lengua danesa hijo es “sen”, de allí los Andersen, Johansen. El irlandés “O” también es un recurso. Contracción del inglés “of” (de) aparecen los O´Donell, O´Hara. O el escocés “Mac”, derivado de una voz gaélica, como en Mac Arthur, Mac Donald, o el también escocés “Fitz”, partícula derivada del francés fils (hijo), de allí los Fitzgerald o Fitzpatrick, introducción hecha por los normandos en el siglo XI. En la lengua inglesa la filiación también fue hecha notar por el agregado de una “s” final, de allí los Adams, Peters.
En las lenguas eslavas hallamos partículas finales, como el sufijo ruso “of/ov” que en las mujeres se transforma en “ova”: Mijailov (Mijailova). En polaco el “ski” (“ska” en femenino) como en Kawalski. O el “vic” en lenguas yugoslavas, como en Milosevic. Los franceses han usado como marca de filiación la preposición “de”, como Demathieu o Dejean. Los italianos conservaron el “ini”, como en Martini. En árabe la partícula “ben” (hijo de), que se antepone al nombre, así como en japonés encontramos el “moto” o en griego el “poulos” o en vasco el “ena”.
APELLIDOS COMPUESTOS Y NIÑOS ABANDONADOS
El caso de algunos apellidos con el “De” anterior se cree proviene de Francia. Anteponer “De” al apellido se reclamaba como distintivo de nobleza o posesión de un territorio. Incluso plebeyos ricos pretendían comprar la “De” para incluirlas en sus apellidos. Se cree que algunas familias españolas adoptaron el “De”, pero no fue tan generalizado.
Los apellidos compuestos provienen básicamente de familias nobles que no quisieron perderse por tratarse de dos apellidos ilustres para la época. Para otras personas por la simple necesidad de distinguirse de otra familia de igual apellido inicial. De allí que muchos apellidos comunes adoptasen su segundo apellido y pasaran con el tiempo a ser apellidos compuestos.
En la actualidad muchos países europeos usan sólo el apellido paterno (Italia da sus pasaportes con un solo apellido). Además, luego del casamiento, la mujer adopta el apellido del esposo.
El apellido Expósito surgió de niños abandonados, así comenzó a conocérseles. O también se los nombraba de acuerdo simplemente a su lugar de residencia o procedencia: Toledo, Zaragoza, Cuenca. En otras ocasiones surgió el apellido “De la Iglesia”, si un niño resultare abandonado a la puerta del templo.
En muchos casos el origen de los apellidos puede resultar tan simple como se ha detallado. Otros apellidos muy comunes en Uruguay provienen de otras lenguas. El paso del tiempo y posibles errores de ortografía, transcripción o castellanización (el vasco Etxenike pasó a ser Echenique y Barrenetxea se castellanizó en Barrenechea, apellido que significa “la casa de abajo” según la explicación en lengua vasca de sus dos componentes: barren y etxea) han hecho que se pusiera difícil conocer el origen de algún apellido. Tengamos en cuenta también la influencia de apellidos italianos, tema para otro momento.
Federico Marotta
Fuente: Heraldaria.com